Mancharse y seguir viviendo: basta de menstruar a escondidas

En el Día de la Salud Menstrual, queremos seguir alzando nuestra voz para que podamos tener una menstruación digna, libre de estigmas y de vergüenza 

Por: Eili Córdova 

¿Cuántas veces, desde pequeñxs, nos hicieron sentir mal solo por menstruar? De seguro, recuerdas ese momento incómodo en el colegio, sacando la toalla sanitaria del bolso como si fuera un objeto prohibido, escondiéndola en la manga o en el bolsillo para que nadie la viera. Inventábamos códigos secretos. A mí una compañera me dijo una vez que le había llegado «la cruz roja», otra decía que «la amiga no deseada» o que andaba «en esos días». Todo menos decirlo alto y claro: «Estoy menstruando» o “Tengo el período”.

Porque parece que nos configuraron para que la menstruación fuese sinónimo de pausa, de dolor oculto, de tener que parar tu vida hasta que se pase. Pero ¿y si hoy decidimos cambiar la historia? Porque no es nuestra culpa, y es hora de soltar esa vergüenza que no nos pertenece.

La herencia de un silencio muy antiguo

La vergüenza que sentimos no es nuestra. Es un bolso pesadísimo que venimos cargando durante generaciones. El estigma hacia la menstruación viene de siglos atrás. Incluso textos antiguos, como el Levítico en la Biblia, reflejaban estas ideas, señalando a las mujeres en su ciclo como «impuras». 

Esa idea se quedó grabada a fuego en nuestra cultura: la sangre menstrual pasó a ser vista como algo sucio o del que había que esconderse, no como lo que realmente es: vida.

Las mujeres y personas menstruantes hemos heredado ese miedo absurdo a mancharnos en público. Nos da pánico que nos señalen, que se rían de nosotras, que nos hagan sentir asco. Pero es solo sangre. Y, ojo, no es cualquier sangre.

¿Sabías que la sangre menstrual está llena de información valiosa sobre nuestro cuerpo? Lejos de ser un desecho, investigaciones recientes demuestran que la sangre menstrual contiene células madre y biomoléculas que pueden reflejar nuestro estado de salud general. 

De hecho, la ciencia, después de años, ha empezado a mirar la menstruación como una herramienta de diagnóstico no invasiva, útil para detectar desde endometriosis hasta desequilibrios hormonales . Es decir, lo que nos dijeron que era sucio, es en realidad un boletín de salud mensual.

Aceptar que la sangre menstrual no es sucia es el primer paso. El segundo es entender que es normal. Y ser normal significa que no debería darnos vergüenza hablar de ello.

Rompamos el pacto de la vergüenza (juntxs)

El cambio no es solo individual, es comunitario. Así como nos enseñaron a escondernos, podemos enseñarnos a brillar. ¿Cómo derribar este muro entre todxs?

Llamémosla por su nombre: Dejemos los eufemismos. Decir «menstruación» o «periodo» sin bajar la voz, en el trabajo, en la mesa, en la escuela, le quita poder al tabú . Cuando lo normalizamos en la conversación, dejamos de verlo como un problema.

  • Hablemos sin miedo en todos lados: Crear comunidad es precisamente eso: espacios seguros donde hablemos de cólicos, de flujo, de cambios de humor, sin filtros. Si compartimos nuestras experiencias, nos damos cuenta de que no estamos solas y aprendemos unas de otras .
  • Cambiemos la narrativa: La ciencia está comenzando a estar un poco de nuestro lado. Artículos médicos señalan que el potencial de la sangre menstrual como muestra diagnóstica es enorme, y para que eso avance, tenemos que perder el miedo a verla y a entenderla .

Tú no eres la que está rota, es el sistema el que está mal

Imagina un mundo donde puedas decir en voz alta “Me bajó el período” con la misma naturalidad con la que dices «tengo hambre». Donde los productos de gestión menstrual estén a la vista, en baños mixtos, sin vergüenza. Donde la sangre en una silla no sea un drama, sino un accidente sin importancia.

Trabajemos juntxs para que esto sea posible. No se trata solo de sentirte mejor con tu cuerpo, sino de reclamar una dignidad menstrual que nunca debieron quitarnos. 

Así que hoy te invito a hacer un pequeño acto de rebeldía: di «menstruación» en voz alta. No escondas la toalla o los tampones para ir al baño. Y si alguien te señala, recuerda: no eres tú la que mancha, es el estigma el que huele mal. 

Menstruar es de valientes, y nosotrxs nunca más volveremos a pedir perdón por existir.

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