Huelga de cuerpos: el descanso como protesta feminista

Por: Nohelia Urbina

Al vivir en un sistema capitalista se glorifica el agotamiento, el «burnout» se ha
convertido en una medalla de honor y la productividad en una religión. En este
contexto la acción más revolucionaria que una mujer puede hacer no es correr más
rápido, sino detenerse por completo. En un mundo diseñado para extraer hasta la
última gota de energía de los cuerpos feminizados y racializados, el descanso no es
pereza: es sabotaje al sistema.


Este blog busca explorar el acto de descansar como una forma de protesta política
desde una perspectiva feminista interseccional. No se trata del «Wellness» de clases
privilegiadas, se trata del derecho radical a existir sin sobreexigirnos para ser útil a
los demás, un derecho que el capitalismo patriarcal y colonial nos ha negado
sistemáticamente.

La Deuda del Descanso

Los organismos como la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y ONU
Mujeres han documentado la base material de este problema. Sus informes revelan
una brecha abismal de ocio: las mujeres dedican entre 2.5 y 3 veces más tiempo al
trabajo doméstico y de cuidados no remunerado que los hombres. La OIT advierte
que en América Latina, el 47% de las mujeres están fuera del mercado laboral
precisamente porque están sosteniendo la economía de forma gratuita y sin
reconocimiento.
Sin embargo, estos datos también cuentan con un sesgo interseccional. El promedio
oculta que las mujeres migrantes, racializadas o de clase trabajadora precaria viven
una pobreza agravada por sus contextos. Mientras una mujer cis ejecutiva puede
pagar por cuidados y yoga, la empleada doméstica que limpia su casa regresa al
suyo propio para iniciar una segunda jornada. Para estos cuerpos, el descanso no
es un derecho; es un lujo de clase que se paga con la explotación de otra mujer.

El Descanso como Desobediencia Estética: Cuerpos Gordos y Racializados en
Reposo

    La exigencia de productividad no solo recae sobre el tiempo, sino sobre la
    apariencia física. El feminismo interseccional, de la mano de las investigaciones
    sobre las cuerpas gordas, nos muestra que el descanso visible es un acto de
    protesta estética.
    Por ejemplo, en el siglo XIX surgió en Estados Unidos el arquetipo racista de la
    Mammy qué hoy día podemos ver como la figura de la abuela migrante: cuerpos
    grandes, siempre de pie, siempre cocinando, siempre disponibles para resolver el
    hambre física y emocional del sistema. Cuando una mujer racializada y gorda se
    sienta en el espacio público a no hacer nada, está cometiendo un acto de sedición.
    Está diciendo: «Mi cuerpa no está aquí para cargar todo el peso del cuidado para
    sostener el capitalismo. Está aquí para sostener mi propia vida».

    Desenmascarar el Cerebro

    Para las mujeres autistas, TDAH u otros tipos de neurodivergencias, el trabajo
    asalariado y el cuidado doméstico exigen un esfuerzo titánico llamado «Masking»
    (Enmascaramiento). Se trata de fingir una normalidad neurotípica para no ser
    despedidas o juzgadas como malas empleadas/madres.
    El agotamiento cognitivo resultante es una forma de violencia estructural. En este
    contexto, descansar significa desenmascarar. Es el derecho a apagar las luces,
    aislarse del ruido y estar en calma sin culpa. Es una declaración rebelde contra la
    normatividad neuro-capitalista, que exige atención constante, sonrisa perpetua y
    eficiencia robótica.

    El Verdugo Interno

    La mayor barrera para esta protesta no es el jefe o el marido; es el supervisor
    internalizado. El patriarcado instala en el sistema límbico de las mujeres y cuerpos
    feminizados una alarma silenciosa que se dispara cada vez que nos sentamos sin
    tener las manos ocupadas. Esa voz que susurra: «¿Deberías estar descansando?
    ¿No ves todo lo que hay por hacer?».
    La culpa es la tecnología de control más eficiente del capitalismo. Convierte
    nuestras mentes en nuestras propias enemigas. Silenciar esa voz no es fácil;

      requiere una deconstrucción profunda de todos los patrones aprendidos. Requiere
      entender, como bien señalan los informes de la ONU, que somos 708 millones de
      mujeres y cuerpos feminizados que han sido excluidas del ocio por el trabajo no
      remunerado e invisibilizado. No es un defecto personal, es una estadística
      estructural.

      El «Dolce Far Niente» Decolonial

      La Dolce Far Niente o Dulzura de No Hacer Nada, es un término italiano que nace
      como una manera de desconectarse para reconectar consigo mismo, sin embargo,
      desde la lucha feminista interseccional podemos apropiarnos de dicho pensamiento
      pero ¿Cómo practicar este descanso sin que se convierta en un privilegio más de la
      blanquitud y clases privilegiadas? La respuesta es colectivizar la pausa.
      No se trata de que «yo» descanse mientras la empleada doméstica limpia. Se trata
      de generar Círculos de Descanso Comunitario. Espacios en los barrios donde las
      mujeres se turnan para cuidar a la infancia mientras otras duermen, leen una novela
      o simplemente miran al techo sin pedir permiso. Esto no es vagancia; es justicia
      redistributiva del tiempo y el descanso. Es recuperar el tiempo circular de la
      conversación en la sala y el tejido lento, frente al tiempo lineal y opresivo de la
      fábrica y la oficina.

      La Huelga de Ser Productivas

      El descanso como protesta feminista, es la forma más pura de la huelga de
      cuidados llevada al ámbito personal y corporal. Es una declaración de soberanía: Mi
      valor no reside en mí utilidad para el sistema.
      En una sociedad que solo valora a las mujeres cuando curan, limpian, crían o
      satisfacen al otro, sentarse con las manos vacías y la mente en calma es un acto de
      rebeldía simbólica. No es huir del mundo; es recordarle al mundo que los cuerpos
      feminizados no somos máquinas de energía infinita. Descansar hoy es sabotear lo
      establecido para poder imaginar, un mundo donde el ocio y la ternura no sean una
      moneda de cambio, sino un derecho humano innegociable.


        BIBLIOGRAFIA
        ONU Mujeres. El progreso de las mujeres en el mundo 2019-2020: Familias en un
        mundo cambiante .
        ONU Mujeres. El trabajo de cuidados: una cuestión de derechos humanos y políticas
        públicas (2018) .
        Organización Internacional del Trabajo (OIT) . El trabajo de cuidados y los
        trabajadores del cuidado para un futuro con trabajo decente (2018) .
        CEPAL y ONU Mujeres. Hacia la construcción de sistemas integrales de cuidados en
        América Latina y el Caribe: elementos para su implementación (2022)
        Routledge International Handbook of Fat Studies (2023)
        Clarín. La gordura como bella disidencia (2018)

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